La Colina de Wawel

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Interraíl día 3, Cracovia: Vie 05/08/2011

Era nuestro último día en Cracovia ya que esa misma noche un tren nocturno nos llevaría hasta tierras austríacas, pero hasta la noche disponíamos del día entero para conocer algunos sitios imprescindibles que nos faltaban por visitar de esta preciosa ciudad polaca. Después de desayunar, hicimos el equipaje (sí, dos días habían bastado para revolverlo todo), dejamos las llaves del apartamento en el buzón tal y como nos habían indicado, y nos acercamos andando a la estación de tren (Krakow Glowny) para dejar las mochilas. Las recogeríamos ese mismo día por la noche antes de partir hacia Viena, y nos costó 10 PLN dejarlas en la consigna durante todo el día. Ya con vía libre para comenzar a patear, desde la Barbacana seguimos el “camino real” por la calle Florianska dejando atrás la Plaza del Mercado, atravesando de punta a punta el centro histórico (Stare Miasto) hasta que finalmente llegamos a la imponente Colina de Wawel, que se levanta a orillas del río Vístula.

Colina de Wawel


La colina la comparten el Castillo y la Catedral, pegados prácticamente pared con pared. Por este motivo Wawel ha sido testigo durante siglos de la época dorada de Polonia, tanto en el poder civil como en el religioso. Para acceder a la Colina hay que subir por un camino empinado, donde se encuentran la taquillas. Aunque el acceso es libre, para entrar en el Castillo y en ciertas partes de la Catedral hay que sacar entrada.

Catedral de Wawel


Empezamos la visita con la Catedral de Wawel, cuyo verdadero nombre es Catedral Basílica de San Wenceslao y San Estanislao. Se trata de una iglesia con más de 1.000 años de historia, que fue destruida casi en su totalidad y se reconstruyó en el siglo XIV en estilo gótico. Presume de ser una de las más importantes del país (si no la que más), porque ha sido el lugar de coronación tradicional de los reyes polacos, y allí están enterrados más de 100 monarcas, obispos y héroes nacionales.

Catedral de Wawel
Catedral de Wawel


El exterior de la Catedral parece compuesto por diferentes estructuras, es como un puzzle de diferentes estilos arquitectónicos según la época y gustos de cada rey que ha ido remodelándola a su antojo. La nave principal está rodeada de dos grandes torres y pequeñas capillas funerarias laterales, destacando sin duda la Capilla de Segismundo por su llamativa cúpula dorada. Ésta fue construida por un arquitecto italiano en el siglo XVI, y según los historiadores es el más claro ejemplo de arquitectura renacentista fuera de Italia.

Capilla de Segismundo
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El interior es muy bonito, pero no es posible hacer fotos (estuvieron vigilando todo el rato), así que si queréis verla tendréis que hacerlo en persona ;). La entrada a la Catedral es gratuita, pero compramos el ticket (10 PLN, reducida 7 PLN) que permite el acceso a varias partes. Al lado del gran altar que se encuentra de frente a la entrada, hay unas escaleras que bajan a las Tumbas reales, donde están enterrados los reyes y reinas polacos desde el s. XVII. Y al fondo de la nave a la izquierda encontramos el acceso a la Torre de Segismundo, donde subiendo por unas empinadas escaleras de madera llegamos hasta el campanario. Desde arriba se obtienen unas magníficas vistas de toda la ciudad, además sobre nuestras cabezas teníamos colgada la Campana de Segismundo, que con sus 11 toneladas se trata de la campana más grande Polonia y la segunda del mundo. Únicamente la hacen sonar en ocasiones especiales, y hacen falta al menos 8 personas para hacer balancear el gran badajo de 350 kg.

Vistas desde la Torre de Segismundo


Campana SegismundoCampana Segismundo

El Museo Juan Pablo II, situado enfrente de la entrada principal a la Catadral, fue inaugurado en 1978 por Karol Wojtyła cuando aún era arzobispo de Cracovia, como último deber oficial en Wawel antes de ser elegido papa. El museo contiene las insignias más antiguas e importantes de Polonia, así como esculturas, pinturas, objetos y ropas eclesiásticas. Entramos porque está incluido en el ticket para visitar la Catedral, pero lo vimos rápidamente porque no era una visita que nos entusiasmara demasiado…

Catedral de Wawel


Era el turno de entrar en el Castillo Real, antigua residencia de la mayoría de los reyes de Polonia. El último que pasó por aquí fue el rey Segismundo III Vasa, que abandonó el Castillo de Wawel para trasladarse a Varsovia en 1596, terminando con la época dorada de la colina. El patio del castillo es una maravilla, es de estilo renacentista y destacan los arcos que hay en los balcones de las tres plantas del edificio. Del interior visitamos las salas de estado (18 PLN, reducida 11 PLN), la exposición principal y que mejor muestra algunas de las habitaciones del castillo, es imprescindible. Entre muchas otras pudimos ver la sala del gobernador, la del senado o la bonita sala de los pájaros. Pero sobre todo destacaría la extravagante sala de los diputados, cuyo techo está decorado con cabezas humanas talladas de madera, aunque sólo pudimos ver 30 de las 194 que colgaban originalmente. En el interior no está permitido hacer fotos. También se puede visitar otras partes del castillo como los apartamentos privados reales, una exposición de arte oriental y la corona del tesoro y armería.

Patio del Castillo Real


El hambre ya apretaba, así que nos sentamos en la gran explanada que hay en la colina y nos hicimos unos buenos bocatas con la caña de lomo que nos habíamos llevado desde España :D.

Explanada de la colina
Cueva del dragón


Cuenta la leyenda que Wawel se construyó sobre una cueva ocupada por un terrible Dragón, que devoraba a cuantos caballeros se atrevían a enfrentarse a él, hasta que un astuto zapatero tuvo una brillante idea para echarle de allí. En la entrada de la cueva dejó una oveja rellena de azufre, el dragón se la comió, y le ardió tanto la garganta que para saciar su sed salió de la cueva y se bebió el agua del río Vístula hasta que estalló. Pues bien, desde el mirador de la colina bajamos a la cueva del misterioso monstruo (3 PLN) cuya salida desemboca a las orillas del Vístula. Allí nos encontramos al famoso Dragón de Wawel, eso sí, un poco más pequeño de lo que imaginábamos, y nos despidió de la Colina escupiendo fuego por sus fauces.

Dragón de Wawel
Río Vístula
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11 Comentarios

    Las vistas desde el campanario impresinantes pero vamos, que yo no me hubiera puesto debajo de la campana por si las moscas. Qué gracia lo del lomo, nosotros también lo solemos hacer, jejejeje. Un abrazo. ;-)

    Sin duda es una ciudad con muchas cosas para patear, que curioso el dragón escupiendo fuego. Es una pena que no se pudieran hacer fotos de los interiores, habrá que ir en persona a conocerla.

    Un saludo.

    ¡La verdad es que sí! Yo también me he quedado con ganas de ver el interior, porque su exterior me ha parecido muy curioso con toda esa mezcla de estilos…
    Y el dragoncito ¿tira fuego de verdad todo el rato?
    Un saludo

    Esa campana me recuerda a las del "micalet" de Valencia, … en todo caso me ha 'gratamente' sorprendido la arquitectura y la mezcla de estilos y colores !!!, … sin duda alguna un lugar al que debo ir … pero en verano mejor que invierno ya que debe hacer bastante frío por allí.

    Un saludo y gracias por compartir amigo.
    Alfonso.
    http://www.thewotme.com

    Por ciertooo, te incluyo en mi lista de blogs en http://www.thewotme.com

    Un saludo.

    > Babyboom, ya que estábamos había que tocar la campana que además decían que daba buena suerte, aunque cuantas cosas habremos tocado ya en nuestros viajes porque da buena suerte… jajaja! El lomo no podía faltar en el interraíl :D

    > Carfot, los interiores son una maravilla, así que ya sabéis os toca ir allí para verlo ;)

    > Helena, el dragón escupe fuego durante unos segundos cada 5 o 10 minutos, es un punto jeje

    > Alfonso, no conozco el micalet, bueno ni valencia… sólo paramos en el oceanografic y tenemos pendiente una visitilla al centro. Muchas gracias por seguirme, ahora mismo me paso por tu blog ;)

    Gracias a tod@s por los comentarios!!

    José Carlos DS 2 noviembre, 2011 Responder

    Pues si ya tenía ganas de ir a Cracovia por visitar el campo de concentración y la mina, viendo estos extras que has ido añadiendo en esta entrada y en la anterior a Auschwitz creo que como vea un vuelo baratito un día de estos se me va a ir la mano fácilmente.

    Muy bonitas vistas desde la colina y maldita sea que nos e puedan hacer fotos, como me molesta cada vez que voy a un sitio y no te dejan… menuda pedazo de campana y que curioso el dragón.

    Veo que sois como nosotros, si se puede ahorrar, bocadillo con los productos de la tierra y a seguir la pateada jeje

    Saludos!!!

    Curiosa la leyenda del dragón… pero está echando llamas todo el rato la estatua?? Y otra cosa… menudo badajo tiene la campana… ya quisieran algunos jejejeje… fuera de bromas, yo no me hubiera agarrado a ella… anda que si se cae!!

    que bonito se ve todo! Me encantan las vistas desde la colina. Tengo que ir a Cracovia si o sí!!!
    Saludos

    > Jose Carlos DS, me alegro que gracias a mis posts tus ganas de ir a Cracovia aumenten, así que si ves un vuelo barato no lo dudes! ;) Lo del bocadillo es un fijo en nuestros viajes, al interraíl nos llevamos lomo, chorizo, latas…

    > Victor, creo que es cada 5 o 10 minutos cuando escupe fuego el dragón, así que es fácil verlo. El badajo es descomunal sí, pero lo frotamos para que nos diera suerte… y no seas mal pensado eeh? jajaja

    > Fran, no me voy a cansar de recomendar Cracovia porque es una ciudad que me dejó prendado, es preciosa!

    José Manuel Beltrán López 5 noviembre, 2011 Responder

    Es curioso esas dos grandes cúpulas en ambas capillas de la Catedral y lo del dragón…. vamos como en Disneylandia jajaja

    Muy interesante relato, así que habrá que anotarse Cracovia en esa agenda viajera que no para de crecer.
    Un abrazo, ciudadano viajero.

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