Budapest, la perla del Danubio

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Interraíl día 7, Budapest: Mar 09/08/2011

Habíamos pasado tres días conociendo Viena y nos marchábamos con una grata impresión de la ciudad, aunque nuestra estancia en la capital austriaca disparó el gasto por día debido a sus altos precios. Dejarla atrás suponía, en cierto modo, un alivio para nuestro ajustado presupuesto de mochileros. El séptimo día de viaje amanecimos todavía en Viena, salimos tempranísimo del hostel y nos dirigimos a la estación de tren Westbanhof, que la teníamos a cinco minutos caminando. Nuestro próximo destino sería Budapest, el tren salía a las 06:54 de la mañana y unos 25 minutos antes ya estábamos allí. Cuando vimos el tren no podíamos creer que fuera el que nos correspondía, ya que habíamos pagado unos tres euros por la reserva y era súper moderno, nos acercamos a él y tras comprobar los billetes el revisor nos invitó a subir. El vagón iba casi vacío, nos sentamos en los cómodos asientos (teníamos hasta una mesa grande) y empezamos a planificar un poco el día. Desde luego esto no fue lo normal durante el transcurso de todo el viaje, ya que era el único trayecto en el que no hacíamos noche a bordo y por lo tanto el más corto de nuestro Interraíl, por ese motivo el tren era sustancialmente mejor que todos los demás en los que montamos. Así que la siguiente foto no es significativa del Interraíl, ya que en el resto de desplazamientos montamos en auténticas tartanas… jejeje. Pero bueno tocaba disfrutar, y el trayecto de 3 horas se nos pasó volando.

Railjet

Llegamos a la estación de Budapest Keleti puntualmente a las 09:50, por lo que disponíamos de dos días completos para disfrutar de la capital húngara. Dormiríamos allí esa noche, y el día siguiente partiríamos en un tren nocturno hacia nuestro siguiente destino, Belgrado. Y lo primero que hicimos precisamente fue buscar las taquillas para reservar los billetes del día siguiente. Una vez conseguidos, salimos de la estación y entramos a un Mc Donalds para desayunar algo pues pese a que eran las diez y pico de la mañana llevábamos ya unas cinco horas en pie, por lo que acabé comiéndome un Mc Menú tempranero. Cogimos el metro para llegar hasta la estación “Corvin-negyed”, la más cercana al hostel que teníamos reservado.

Como eran las once y media y hasta las doce no teníamos lista la habitación, aprovechamos para descansar un poco y nos espanzurramos en los sofás de la recepción hasta que nos avisaron. Después dejamos las mochilas en la habitación y salimos dispuestos a patearnos la ciudad de cabo a rabo. El primer objetivo y más cercano a nuestro hotel era el Mercado Central, uno de los mercados históricos más grandes de Europa. Se levantó en 1897 y fue criticado por el pueblo debido a que provocó una subida en el precio de los alimentos.

En los puestos del interior encontramos productos de alimentación de todo tipo, que hoy en día conviven con otros puestos de souvenirs. El paprika es el producto más tradicional que podemos encontrar allí, un condimento obtenido del pimiento una vez secado y molido, que se utiliza comúnmente en diversos platos de la cocina húngara. En el nivel superior se emplazan varios puestos de comida bastante baratos, desprendían un apetecible olor al que no pudimos resistirnos y probamos una especie de tortas, a las que añadían ingredientes varios y cuya masa sabía a nuestras típicas porras.

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El río Danubio atraviesa la ciudad separándola en dos partes, Buda y Pest. Antiguamente eran dos ciudades independientes, hasta que en 1873 se unificaron. Para cruzar de una a otra existen varios puentes, y al salir del mercado nos encontramos con el más corto de todos ellos, aunque no por eso deja de ser de los más conocidos, el Puente de la Libertad. Unas águilas posadas en lo alto de su estructura de hierro verde adornan este puente, que cruzamos para llegar ante los pies de la Colina Géllert, en la parte de Buda.

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De repente vimos como una masa de jóvenes turistas con la toalla liada en la cintura caminaban hacia un edificio al lado de la colina, y es que allí se encuentra el Hotel Gellert, famoso por su balneario. En Budapest hay una gran cultura con los balnearios y este es uno de los más turísticos, seguro que os suena pues aparecía en un antiguo anuncio de Danone. Nosotros teníamos planeado ir a otro esa misma tarde, así que comenzamos a subir la montaña con la intención de llegar a la Ciudadela, en la parte más alta. Hay varios caminos por los que se puede subir andando, no se tarda mucho pero entre la gran inclinación y que el sol pegaba con ganas, tuvimos que hacer un pequeño esfuerzo. Eso sí, una vez arriba la fatiga se pasó rápido, se trata del punto más alto de Budapest y las vistas son una pasada.

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La fortaleza situada en lo alto de la colina es una especie de búnker utilizado durante la Segunda Guerra Mundial, se puede visitar pero no entramos. Así que comenzamos a bajar por el otro lado de la montaña, que llega hasta el puente Elisabeth. Cuando estábamos llegando abajo, nos encontramos con un corro de gente (todos turistas) prestando atención a unos trileros locales que invitaban a la gente a apostar. Hacían el típico número en el que hay que adivinar en cual de las tres cajitas acaba la bola después de hacer un hábil y rápido juego de manos. Nos quedamos un rato observando, en el primer juego fue bastante fácil de adivinar, por lo que una mujer rápidamente apostó dejando un billete en la mesa y levantó la cajita. Lo había adivinado, y el hombre le pagó el doble de su apuesta. Comenzó a hacer entonces un segundo juego, pero esta vez mucho más rápido y difícil, imposible de adivinar diría yo. Entonces fue un chico joven el que apostó, pero con distinto resultado, falló y perdido su apuesta (que además no era poco dinero). El chico se fue maldiciendo, mientras el trilero volvió a hacer otro juego, más fácil y en el que la misma mujer de antes apostó y volvió a ganar. Estaba clarísimo que estaba compinchada y era un timo como una catedral, lo que no me explico es como la gente no se daba cuenta y seguía apostando…

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Seguimos caminando por la orilla del Danubio en dirección al siguiente puente, que no era otro que el Puente de las Cadenas, el más famoso de todos los que cruzan el río. A su altura se encuentra el funicular Budavári Sikló, que utilizamos para subir a la Colina de Buda. Se puede subir andando, pero después de habernos pateado la Colina Gellert, decidimos pagar los 870 florines que costaba el billete de ida (un poco caro, aprox. 2,60 euros) y después bajar andando. Además de ser rápido, se tienen unas bonitas vistas desde la cabina.

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El funicular nos dejó en la entrada del Castillo de Buda, aunque más que de castillo tiene aspecto de palacio, que era su antigua función cuando fue la residencia de los reyes de Hungría. Actualmente alberga el Museo de Historia de Budapest, la Galería Húngara y una biblioteca.

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Desde allí caminamos hasta el Barrio del Castillo, por el que parece que el tiempo no ha pasado. Nos asomamos al Bastión de los Pescadores, el mejor mirador posible para contemplar Pest al otro lado del río Danubio, y sobre todo el flamante símbolo de Budapest, el Parlamento. Para subir a las torres cobran entrada, nosotros no pagamos ya que las vistas desde fuera eran más que suficientes y creo que no merece la pena pagar. Allí permanecimos un buen rato admirando las vistas, los preciosos trazos del Parlamento que tantas veces habíamos visto en fotos y que ahora teníamos frente a nosotros, y además visitaríamos por dentro el día siguiente.

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La Iglesia de Matías, de estilo neogótico, es una de las más importantes de la ciudad y se encuentra pegada al Bastión. Dimos una vuelta por los alrededores con la intención de entrar al Laberinto del Castillo de Buda, unas cuevas subterráneas de algo más de un kilómetro de las que habíamos leído que albergan pinturas rupestres, esculturas y fuentes, pero para nuestra sorpresa nos lo enconramos cerrado. Estábamos dentro del horario, así que desconozco la razón pero no eramos los únicos visitantes que nos preguntábamos frente a la puerta el por qué.
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Bajamos de la colina de nuevo hasta el Puente de las Cadenas. Es el más antiguo de los que cruzan el río, se inauguró en 1849, aunque fue destruido durante la Segunda Guerra Mundial y reconstruido de nuevo en 1949. Cruzamos por su imponente estructura de acero a la otra parte de la ciudad, en busca de la parada de metro más cercana. De repente nos dimos cuenta de que era media tarde y en realidad no habíamos “comido”, con lo que habíamos ido picoteando nos había bastado. Total ya esperaríamos a cenar en la habitación del hotel para abrir algún embutido que habíamos llevado desde casa y aún llevábamos en el equipaje.

Fuimos en metro hasta la estación “Hosök tere”, así llegamos hasta la Plaza de los Héroes. En esta gran plaza que rinde homenaje a los funadores de Hungría, se encuentra el Museo de Bellas Artes. Dejando atrás las grandes estatuas nos adentramos en el Parque de la ciudad (Városliget), un gran espacio verde, en el que hay un lago. Las barcas navegaban junto a diferentes esculturas medio sumergidas en el agua como unos coches, una casa o un satélite, y que en invierno se transforma en una gran pista de patinaje sobre hielo.

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Dentro del parque se levanta el Castillo Vajdahunyad, una réplica del Castillo de Transilvania de Rumanía. Se construyó en madera para la Expo celebrada en 1896, pero gustó tanto que después se reconstruyó en piedra y ladrillo. Dimos una vueltecilla por allí, pero no tardamos en salir y buscar el lugar que realmente nos había llevado hasta el parque.

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Y es que por algo habíamos cargado con el bañador en la mochila durante todo el día, nos dirigíamos al Balneario Széchenyi, el recinto de aguas termales más grande de Europa. Cuando llegamos esperamos a que fueran las 7 ya que a partir de esa hora se puede sacar un ticket a precio reducido, que nos costó 2.700 florines (8,60 euros aprox.), y nos daba acceso a las 3 piscinas exteriores y a las 12 interiores. Se pueden dejar las pertenencias en las taquillas del vestuario, y si no llevas bañador o toalla allí mismo te lo alquilan. Es una gozada sumergirse en estas piscinas que alcanzan temperaturas entre los 20 y 37ºC, y ponerse bajo alguna de sus cascadas para que los chorros nos golpeen la espalda, mientras contemplamos la bonita fachada amarilla del impresionante edificio. Sin duda, una de las mejores experiencias que se pueden vivir en Budapest es pasarse por aquí.

De esta relajante manera acabamos un día intenso, nos habíamos pateado la ciudad de cabo a rabo y después del madrugón y viaje de por la mañana, necesitábamos retirarnos pronto a nuestro hotel a descansar. El día siguiente también prometía, sobre todo porque visitaríamos el interior del Parlamento de Budapest, uno de los edificios más impresionantes de Europa.

PD: Recordar que podéis seguirme en mi página de Facebook y a través de Twitter (@LegaTraveler). Por cierto, aprovecho para anunciaros que este mismo fin de semana comenzamos el 2012 viajando… nos vamos a pasar un fin de semana express a Lisboa! Espero que los pasteles de Belem no defrauden ;).

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12 Comentarios

    Planifica tus Viajes 17 enero, 2012 Responder

    Guau!! Una entrada completísima!! Envidia me das amigo pepinero. Creo que de este año no pasa, voy a visitar centroeuropa sí o sí.
    Un saludo!!

    Josep M Galimany (o Gali) 17 enero, 2012 Responder

    que envidia… y que ganas tenemos de hacer un interrail por ahí…
    un relato genial, felicidades… Un abrazo

    http://malviatge.blogspot.com

    La verdad es que pinta de maravilla Budapest. Me la imaginaba de otra manera… a ver si pronto puedo poner mis pies en ella.
    Un saludo ;)

    Author

    > Planifica tus viajes, muchas gracias paisana! Pues si te decides tomarás una genial decisión, es una ciudad que da mucho juego para una escapada ;)

    > Josep M Galimany, sin duda el interraíl ha sido el viaje más especial que he hecho hasta ahora, es una experiencia inolvidable. Anímate, se lo recomiendo a todo el mundo!

    > Helena, pues entonces me alegro haberte dado una buena imagen de la ciudad jeje! Pero para completarla debes ir y conocerla en persona, te encantará!

    Notas de un viajero 20 enero, 2012 Responder

    Pues si que tiene pinta de ser toda una perla la ciudad… por cierto pedazo de tortas/pizzas que os metísteis.

    Un saludo.

    Non gogoa, han zangoa 22 enero, 2012 Responder

    Hola Dany!
    ¡Qué bien me lo he pasado leyendo esta entrada! Me ha traído muy buenos recuerdos de cuando estuve en Budapest, la mayor diferencia sin duda es que fui en invierno…¡menudo frío!
    Ah! y yo tb probé las tortas con masa de churro, la mía tenía salsa agria y queso! jeje
    A ver qué tal os fue el siguiente día, ¡ya nos lo contarás!

    =)

    Author

    > Notas de un viajero, si la llaman la perla del Danubio no es sin motivos, desde luego. Tiene muchos rincones con encanto. Las tortas no veas como llenaban… jejeje

    > Non gogoa han zangoa, me alegro que te haya gustado y te haya hecho recordar tu viaje. La verdad es que tiene que ser muy diferente la ciudad en invierno, pero también tiene que tener su encanto meterse en las aguas termales del Balneario mientras fuera está nevando.. :p

    Oyesss que buen reportage fotográfico, ¿en qué época estuviste?, tengo ganas de ir a Praga pero … supongo que en Primavera será lo mejor para caminar, terracitas … etc etc. no?

    Gracias por compartir.
    Un saludo.
    Alfonso – http://www.thewotme.com

    José Carlos DS 24 enero, 2012 Responder

    Ayyy Europa cuantas ciudades bonitas me quedan por visitar jaja

    De esta visita me ha gustado mucho el puente de las Cadenas, la zona del Castillo de Buda, ya que hemos visitado en Nepal donde nació habrá que conocer "su castillo" y el parque de la ciudad.

    Por cierto, la plaza de los heroes se da un aire al retiro pero sin el estanque y las barcas XDDDD

    Lo del balnerio también está muy chulo, vamos que me ha encantado este relato sobre Budapest :D

    Saludos!!!

    Que buena entrada de Budapest y que recuerdos, es una de las ciudades europeas que más me han llamado la atención.

    Un abrazo !!!

    Author

    > Alfonso, debajo del título tienes la fecha, estuve en Agosto. Hombre en invierno también tiene que tener su encanto, aunque con buen tiempo se puede disfrutar mucho más una ciudad.

    > Jose Carlos DS, jajaja el castillo de Buda está un poco lejos de Nepal, no? :p Pues ahora que dices es cierto que tiene un aire al retiro, no había caído! Vaya un madrileño que estoy hecho…

    > Carfot, coincido contigo! A mí budapest me llamó mucho la atención, es una ciudad que creo que no se le parece a ninguna otra que conozca… es única!!

    Sofia Castillo 18 mayo, 2012 Responder

    Hermosa ciudad para conocer, Budapest es una de las ciudades más bellas del mundo. El Danubio separa las dos ciudades, que, siendo una, no podrían ser más diferentes: la histórica, épica, con sus edificios medievales y barrocos, y el castillo que domina la ciudad; y la joven, la de las oficinas, los bancos, las tiendas comerciales y el centro financiero.

    http://www.101viajes.com/Budapest/Guia-turismo-viaje-Budapest

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