Lisboa Express: Límite 24 horas (Parte 1)

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En lo que a Europa se refiere ya son unas cuantas capitales las que he tenido oportunidad de visitar, pero Lisboa es una de esas ciudades que tenemos tan a mano y que la iba dejando “para más adelante”, que ya se estaba resistiendo demasiado. Había que ponerle remedio, y el empujón definitivo fue gracias a que María encontró un vuelo barato con EasyJet saliendo un sábado muy temprano (07:20 h.) y regresando a Madrid el domingo a las 13:40 h. Sí, de nuevo nos disponíamos a realizar un viaje muy express a Portugal al estilo del que hicimos el año pasado a Oporto, esta vez acompañados por mi tocayo Dani, el hermano de María. El que sería el primer viaje del año 2012 se presentaba emocionante, por delante teníamos algo más de 24 horas para conocer lo más importante de Lisboa, y creo que a grandes rasgos nos pudimos hacer una buena idea de lo que ofrece la capital del país vecino.

Actualmente están construyendo una parada de metro en el aeropuerto, pero hasta que esté en funcionamiento (ni idea de las fechas) para llegar al centro de la ciudad se puede optar por dos opciones: tomar un taxi, que dependiendo de la zona a la que vayas puede salir entre 15 y 20 €, o coger el autobús, que es la que elegimos nosotros. Nada más salir de la terminal del aeropuerto hay unas marquesinas y sólo hay que buscar en la que pone AeroBus, tiene una frecuencia de 20 minutos, durante el recorrido realiza varias paradas por el centro y el precio del billete es de 3,50 €.

Nos bajamos pasada la Plaza de Rossío en el barrio de Baixa, y después de desayunar un café y un bollo en una cafetería del centro caminamos hasta llegar a la Plaza del Comercio (Praça do Comércio). Se trata la plaza más grande de la ciudad y del centro neurálgico de la capital portuguesa, pero debido a las tempranas horas de la mañana en que llegamos la encontramos prácticamente vacía. En el centro hay una gran estatua de bronce que representa a José I (antiguo rey portugués), y en el lado norte sobre la impoluta fachada amarilla se levanta el Arco Triunfal da Rua Augusta, que da acceso a la calle que lleva ese mismo nombre, una de las principales y más comerciales.

El lado sur de la plaza está abierto al río Tajo (o Tejo, como lo conocen allí), desde la orilla podemos ver el gran caudal del mayor río de la Península Ibérica que desde Teruel la atraviesa en su parte central hasta su desembocadura pasado el Puente 25 de Abril, que asociamos irremediablemente al Golden Gate de San Francisco por su gran parecido. Como curiosidad, también hay otro monumento “copiado” en Lisboa, se encuentra en la otra orilla al final del puente, y se trata de una réplica del Cristo Redentor de Río de Janeiro pero más pequeño.

Aunque Lisboa es una ciudad para andar y perderse por sus callejuelas, la Tarjeta 7 Colinas será necesaria cuando queramos utilizar el transporte público. Se trata de una tarjeta magnética y recargable que se puede adquirir en los quioscos de prensa y estaciones de metro, cuesta 0,50 €, y permite utilizar toda la red de metro, autobuses, tranvías y elevadores. En ella podemos recargar un billete sencillo (1,05 €) o un abono diario (4,60 €). Nosotros compramos el abono diario, que es válido durante 24 horas desde que lo validas en el primer viaje, y lo amortizamos sobradamente. Desde la Plaza del Comercio tomamos el tranvía nº 15 que en un cuarto de hora nos dejó en el barrio de Belém, una zona bastante tranquila llena de parques y zonas verdes, y visita obligada porque allí se encuentran varios de los monumentos más importantes de Lisboa. Una vez allí cruzamos por un paso subterráneo la Avenida de Brasilia para llegar a la ribera del río, y llegamos a los pies del Monumento a los Descubrimientos. Este espectacular monumento de 52 metros de altura se construyó para conmemorar los 500 años de la muerte de Enrique el Navegante, el portugués que descubrió las Azores, Madeira y Cabo Verde. Está orientado hacia el Tajo y tiene forma de carabela, “tripulada” por imponentes esculturas de los más ilustres marineros y patrones portugueses pertenecientes a la era de los descubrimientos.

Se puede subir a lo más alto del monumento, la entrada normal cuesta 3 € y la reducida 2 € (niños, carnet joven y tercera edad). El ascensor nos dejó en la planta 6 y desde allí subimos una escalera hasta el último piso, el estrecho pasillo de la azotea hace de mirador hacia el Barrio de Belem por un lado y hacia el río Tajo al otro. Pero si nos asomamos a la parte contraria al río y miramos hacia abajo, podemos ver a los pies del monumento la imponente Rosa de los Vientos de 50 metros de diámetro, un gran mosaico realizado en mármoles de varios tipos que fue donado por Sudáfrica en el que están plasmadas las rutas de los descubridores en los siglos XV y XVI.

Una vez abajo caminamos en dirección a la desembocadura del Tajo y pronto llegamos al monumento más famoso de Lisboa y quizás de todo Portugal, la Torre de Belém. Debo confesar que me sorprendió su pequeño tamaño, quizás por compararla con el basto Monumento a los Descubrimientos que acabábamos de ver, o quizás por las altas expectativas que tenía después de haberla oído mencionar cientos de veces. Aunque eso no quiere decir que no me gustara, la decoración exterior de la torre es preciosa, sus pequeñas almenas y torres de vigilancia la confieren un encanto especial, pero no me sorprendió, que le vamos a hacer.

La construcción de la torre finalizó en el año 1520 e inicialmente era utilizada como fortaleza para proteger el puerto de Lisboa, pero con el tiempo perdió esa función y ha sido utilizada como aduana, faro, o incluso como prisión. Se cree que inicialmente estaba más alejada de la orilla pero que con los años y la urbanización de la zona se ha ido fusionando con la ribera del río. Cuando llegamos allí la marea estaba baja, pero si vais cuando está alta podréis verla totalmente rodeada por el agua.

Después de darnos una vuelta por allí (se puede entrar al interior de la torre, pero no lo hicimos), nos acercamos caminando hasta el cercano Monasterio de los Jerónimos, otro de los lugares imprescindibles en Belém. Este monasterio de estilo manuelino data del siglo XVI y en 1983 fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco junto con la Torre de Belém. Aunque no pasamos se puede visitar el interior pagando una entrada, donde se puede ver el Claustro y la tumba del escritor Fernando Pessoa. Donde sí pasamos fue a su impresionante Iglesia, en la que destacan seis grandes columnas que se funden en el techo abovedado y las paredes totalmente decoradas en la piedra, además alberga las tumbas del desubridor portugués Vasco da Gama y el poeta Luís de Camoes.

La mañana avanzaba y con lo que habíamos madrugado las ganas de picar algo también, y casualidades de la vida que nos encontramos con la pastelería más conocida de Lisboa. Venga vale… de casalidad nada, la parada en la Pastelería de Belém estaba más que pensada, y de hecho era una parada obligatoria para unos seres tan golosos como nosotros. Desde 1837 este establecimiento elabora los famosos Pastéis de Belem, cuya “receta secreta” es transmitida y conocida exclusivamente por los maestros pasteleros que los fabrican de forma artesanal en el “taller secreto”. Cada pastel cuesta 1,05 € y nos compramos dos cada uno para probarlos, son una especie de tortas redondas de hojaldre y crema que se deben tomar con canela espolvoreada por encima. Están buenísimos, me recordó bastante a nuestras típicas torrijas pero algo diferentes. Lógicamente los podemos encontrar en casi cualquier establecimiento de Lisboa y a menor precio, ¡pero había que probar las originales!

Mapa del barrio de Belém, en Lisboa

Nos despedimos del barrio de Belém y regresamos al centro de la ciudad con el objetivo de hacer una de las cosas imprescindibles en Lisboa: montarnos en el tranvía nº 28. Subimos al clásico tranvía amarillo en la parada que hay en la céntrica Rua da Conceição (cerca de la Plaza del Comercio) comenzando en dirección al Chiado y al Barrio Alto. Disfrutamos del recorrido acompañados por el constante traqueteo del eléctrico, como conocen allí al tranvía, cuyo interior revestido de madera y el característico timbre de la campana nos hizo teletransportarnos un siglo atrás cuando los vagones de esta línea comenzaran a transitar las empinadas calles lisboetas. Después de llegar al final del trayecto el el Barrio Alto, volvimos a montarnos para hacer el recorrido en dirección contraria y adentrarnos en el barrio más antiguo, la Alfama, y subir en dirección al Castillo de San Jorge. Sin duda esta es una rápida y romántica forma de echar un vistazo a la vida de los barrios de Lisboa.

Esta línea del tranvía es la más turística de la ciudad, y eso llama la atención de muchos amigos de lo ajeno que intentan aprovecharse de los turistas despistados. Ya nos avisó el hombre del quiosco que nos vendió la tarjeta de transporte, y en el mismo tranvía un cartel nos recordaba permanecer alerta. Demasiada insistencia pensaba yo, “no será para tanto”. Pues… BINGO! Presenciamos un robo en directo, o mejor dicho, un intento de robo, ya que a los ladrones se les cayó al suelo la cartera que habían sustraído a un turista inglés cuando se la pasaban entre ellos y éste ni siquiera se había percatado, por lo que se bajaron inmediatamente del vagón en medio del revuelo. Moraleja: cuidado con los carteristas, simplemente hace falta un poco de sentido común y no descuidar nuestras pertenencias cuando subamos al tranvía.

Antes de buscar un sitio para comer decidimos pasar por el hotel a dejar las mochilas, aunque poco cargamento llevaban sólo con el pijama y una muda. Como siempre habíamos mirado antes del viaje mediante un buscador de hoteles y habíamos reservado en el Hotel Residencial Mar dos Açores una habitación triple con baño privado y desayuno buffet por 26 € el total. Una pequeña ganga situada a cuatro paradas de Metro del centro de la ciudad muy recomendable para una corta y económica estancia en Lisboa.

Enero 2012

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21 Comentarios

    Qué chulo el post! Tienes unas cuantas fotos preciosasss!!! Qué bonita es Lisboa, tengo que volver! :-)

      Gracias Ali! A mí tampoco me importaría volver, sobre todo por probar de nuevo los riquísimos pasteles de Belém jiji…

    Pues si que os cundió la mañana!!!! Los mejores pasteles de Belem son los de esa pastelería. Aunque caros, son los mejores que he probado!! mmm! Qué ricos!
    Saludos

      La verdad es que nos cundió bastante la mañana, y la tarde también ya verás cuando publique el siguiente post jejeje. Sí que son un poco caros en esta pastelería, pero merece la pena porque probamos otros y sí que se nota diferencia. Que hambree me ha entrado!!

    Me ha hecho gracia lo de “para los seres tan golosos como yo”, cuando estuve en Lisboa no pudimos ver el monasterio porque estaba cerrado y tampoco probar los famosos pasteles, habrá que volver para allá, jejejeje. Menudo repaso le hicisteis a la ciudad en tan poco tiempo. Un abrazo. ;-)

      Nosotros tampoco entramos al monasterio, pero los pasteles… no podía irme sin probarlos!! Adela si vuelves que no se te pase jejeje! Es que somos muy golosos, sobre todo yo :p

    Buena manera de empezar vuestra escapada por Lisboa en el barrio de Belem y comiendo los pasteles jejejeje… Yo me traje para Madrid dos cajas!!! jejejeje…

    Por cierto que quizás no lo sabías… con el billete del aerobus podías coger durante ese día todos los tranvías y autobuses que quisieras…o al menos cuando fui yo hace año y algo era así. Nosotros como fuimos solo dos días, el segundo día nos fuimos a una parada de aerobus y nos subimos para pillar el billete y con ese ya teníamos también cubierto el transporte para el día completo y la vuelta al aeropuerto de por la noche…

    Un abrazo!!

      Pensamos que empezando el día en el barrio de Belém aprovecharíamos mucho más, y así fue! También nos trajimos unas cajas para Madrid, pero duraron muy poco jejeje.
      Víctor me dejas flipado con lo del aerobús, no tenía ni idea! y también sirve para el metro y los elevadores? si es así… menudo fallo! Y gracias por aclararlo ;)
      Un abrazo!

    Los pasteles de Beleeeeeeem! Que ricos! :9
    Creo que os hicisteís una muy buena idea de Lisboa. Vale la pena dedicarle unos días más y visitar la zona de Cascais, el Cabo da Roca y el Castillo da Pena. ^^

      La mañana nos cundió un montón, y luego por la tarde aprovechamos tambíen para ver el centro de la ciudad. Me hubiera encantado acercarme al Castillo da Pena, he visto fotos y es muy bonito, a ver si para la próxima voy con más días y puedo acercarme hasta allí.

    Mucho tardaste en pasar por la pastelería!! jajaja
    Nosotros cuando fuimos desayunamos allí directamente y luego ya nos acercamos a la Torre, al monasterio y al monumento ;-)
    Grandes fotos!

      La verdad es que sí, porque cuando llegamos del aeropuerto al centro lo tenían en la cafetería en la que paramos a desayunar, pero aguantamos hasta llegar a la pastelería de Belém y probar los originales jejeje. Gracias por lo de las fotos!

    Un post muy completo y con buenas fotografías.Dan ganas de volver para, de paso, aprovechar la buena recomendación hotelera que haces al final! Un abrazo

    Muchas gracias! Encontrar ese hotel fue la bomba, todo perfecto, por poner alguna pega el desayuno no es muy abundante, pero esque por ese precio… no se puede pedir más!!

    Pero qué bonito es Lisboa, sin duda una ciudad genial para caminar, … visitar … comer bien … disfrutar y disfrutar

    Un saludo y gracias por compartir.
    Alfonso – http://www.thewotme.com

    Y que lo digas, es una ciudad preciosa, y caminamos muchísimo. Por algo la llaman la ciudad de las siete colinas… no paras de subir y bajar por sus empinadas calles! jejeje
    Un saludo y gracias por comentar

    Si es que tenemos Portugal tan cerca y nos olvidamos de ir, pero la verdad que tiene ciudades muy bonitas y Lisboa es estupenda.

    Os ha pasado lo mismo que me pasó a mi, vimos primero el monumento a los descubrimientos y luego la Torre de Belém (que es muy bonita todo hay que decirlo) me dejó a cuadros, tan pequeñita… jeje

    Un saludo!!!

    Author

    Y que lo digas, con eso de que la tenemos al lado, nos recorremos medio mundo y nos olvidamos de Lisboa, que es bien merecedora de una escapadita.
    Que bueno, así que no fuimos los únicos “decepcionados” con la Torre de Belém… Pues dejo un mensaje para los que vayáis a ir: Visitar primero a la Torre y luego al Monumento de los Descubrimientos, que no os pase lo mismo que a nosotros… jejeje ;)

    Muy buen post y bonitas fotos. Una pena lo de los robos. A mí me acaban de robar. Si tan solo hubiera visto este post antes o este (http://www.lisboando.com/asi-operan-los-carteristas-como-evitar-ser-robado-en-el-tranvia-de-lisboa/) que explica cómo evitar ser robado, porque es toda una operación y al parecer, todos están muy enterados. En fin, ahora al consulado y toda la pega…. arrgh!

    Me conformaré con tus fotos, porque me han robado la cámara también =(

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  1. […] a salvar el gran desnivel entre el Barrio Alto y la zona baja cercana a Cais do Sodré. En el post anterior mencioné el parecido entre el puente 25 de Abril y el Golden Gate, pero viendo esta interminable […]

  2. […] • Blog: Lega Traveler│ Artículo: Lisboa Express: Límite 24 horas (Parte I) […]

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